Las exportaciones argentinas de carne vacuna alcanzaron en 2025 un récord histórico de ingreso de divisas, aun cuando el volumen embarcado fue menor que el año anterior. Según datos del INDEC analizados por el mercado ganadero de Rosario (Rosgan), se exportaron 713.364 toneladas peso producto que generaron US$3884 millones.

El dato más llamativo es que, pese a una caída interanual del 7,2% en el volumen exportado, la facturación creció un 28,5%, marcando un máximo histórico. Esto se explica, principalmente, por una fuerte mejora en los precios internacionales.

El valor promedio por tonelada exportada fue de US$5444, frente a los US$3931 registrados el año previo. Es decir, una suba interanual del 39%, que ubica los precios entre los más altos de los últimos años, comparables con los picos observados en 2022.

Un contexto internacional excepcional

Gran parte de este desempeño se enmarca en un escenario global de precios firmes. El Índice de Precios de la Carne de la FAO mostró que, durante 2025, las cotizaciones internacionales se ubicaron en promedio un 12% por encima del año anterior. Esta mejora estuvo impulsada por subas en los valores de exportación de los principales proveedores mundiales: Brasil, Australia y Estados Unidos.

Con una oferta mundial ajustada y una demanda sostenida, el mercado internacional convalidó valores elevados, lo que permitió a los exportadores argentinos capturar mejores precios por sus productos.

Cambio en el perfil de destinos

A la mejora del contexto global se sumó una estrategia comercial más orientada a maximizar valor que volumen. Argentina logró redireccionar parte de sus embarques hacia mercados que pagan más por el mismo tipo de producto.

China, que sigue siendo el principal destino, redujo sus compras un 13%, pasando de 569.000 toneladas en 2024 a 498.000 en 2025. Su participación bajó del 74% al 70% del total exportado. Además, el valor promedio por tonelada enviada a ese mercado se ubicó en torno a los US$3800, claramente por debajo de otros destinos.

En contraste, crecieron con fuerza los envíos a mercados de mayor valor:

  • Unión Europea: las exportaciones aumentaron un 14%. Allí se colocan cortes refrigerados y deshuesados de alto precio. Los valores pagados subieron más de un 20%, pasando de US$10.600 a casi US$13.000 por tonelada.

  • Israel: registró un incremento del 17% en volumen. Las 44.300 toneladas exportadas alcanzaron un valor promedio cercano a US$8500 por tonelada, con una mejora interanual del 37%.

  • Estados Unidos: fue el mercado de mayor salto. Las compras crecieron un 27% interanual, con 44.300 toneladas importadas. Cerca del 80% correspondió a carne congelada sin hueso, con valores de unos US$6700 por tonelada (+36% interanual). El resto fueron cortes refrigerados de alto valor, con precios promedio de US$12.300 por tonelada, que mostraron un aumento del 54%.

También Canadá mostró un crecimiento del 26%, aunque desde niveles bajos en años anteriores.

Estados Unidos, el nuevo gran jugador

La irrupción de Estados Unidos como comprador relevante de carne argentina marca un cambio estructural. En términos de dinámica de mercado, su rol comienza a parecerse al que tuvo China en su momento, aunque enfocado más en valor que en volumen.

De acuerdo con proyecciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), en 2026 ese país iniciará un nuevo ciclo de importaciones crecientes. Se espera que sus exportaciones ronden 1,127 millones de toneladas, mientras que las importaciones alcanzarían al menos 2,472 millones, profundizando su déficit comercial en carne vacuna.

Más valor por tonelada, no más carne

En síntesis, el récord de divisas logrado por la carne vacuna argentina en 2025 no se explica por un aumento en la cantidad exportada, sino por un combo de precios internacionales excepcionalmente altos y una mejor inserción en mercados de mayor poder de pago.

El desafío hacia adelante será sostener esta estrategia de mayor valor agregado en un contexto internacional que podría seguir siendo favorable, pero también más competitivo, y con una producción local que enfrenta el reto de generar más carne sin aumentar significativamente el stock bovino.