Un informe de la Sociedad Rural Argentina advierte que el impacto ya se siente en el gasoil y los fertilizantes, y podría profundizarse en la próxima campaña.
El conflicto en Medio Oriente comenzó a generar efectos concretos sobre el sector agropecuario argentino. Según un informe de la Sociedad Rural Argentina, los costos de producción podrían aumentar entre un 9,5% y un 11% en la campaña fina 2026/27, principalmente por el encarecimiento de la energía y los insumos clave.
El estudio señala que, desde el inicio de la guerra a fines de febrero, se registraron fuertes subas en los precios internacionales: el petróleo aumentó entre 42% y 50%, mientras que el gasoil en la Argentina subió alrededor de 22%. A su vez, la urea (fertilizante esencial para los cultivos) se incrementó más de 36% en el mercado global y cerca de 42% a nivel local.
Estos aumentos impactan directamente en la estructura de costos del agro. En la campaña en curso, el efecto más inmediato se observa en la cosecha y el transporte, donde el gasoil tiene un peso determinante: representa cerca del 15% del costo de cosecha y hasta un tercio del costo logístico.

Como consecuencia, el alza del combustible ya implica un incremento estimado del 3,3% en las tareas de recolección y de entre 6% y 7% en los fletes agrícolas. Este último punto resulta especialmente crítico para las regiones más alejadas de los puertos, donde el costo del transporte tiene mayor incidencia sobre el precio final que recibe el productor.
En paralelo, el encarecimiento de los fertilizantes aparece como otro factor de presión. La suba del gas (insumo básico para su producción) elevó significativamente el costo de la urea, lo que podría impactar de lleno en la próxima campaña de trigo.
De mantenerse este escenario internacional, el informe proyecta que producir trigo en la campaña fina 2026/27 podría costar hasta un 11% más en establecimientos ubicados a mayores distancias de los puertos. En términos concretos, esto implicaría un aumento adicional cercano a los 58 dólares por hectárea.
En este contexto, el sector agropecuario enfrenta un panorama de mayor incertidumbre, condicionado por variables externas que afectan tanto los costos inmediatos como las decisiones productivas a mediano plazo.















